Por otro lado, el vino no es siempre ese terrible luchador seguro de su victoria y que ha jurado mostrarse sin piedad y sin misericordia. El vino es semejante al hombre: nunca se ha de saber hasta qué punto es posible estimarlo o despreciarlo, amarlo u odiarlo, y de cuántas acciones excelsas o monstruosas fechorías es capaz. Así pues, no seamos más crueles con él que con nosotros mismos y tratémosle como un igual.
Charles Baudelaire